19/7/09

Sin título...

Y un día prometió ser un ave.
Lo sé, vil plagio, pero fue tan real la visión que no importaba el recurso empleado.
Hasta que seamos aves- fue a promesa tácita que se dijeron los amantes, un invierno hace ya muchas lunas.
Pobre, eso fue todo, no más que un sueño efímero. Pobre.
La primera es la vencida.

Quién puede afirmar que en verdad alguna vez fue honesto consigo mismo? Aquél no.
Mintió, si, lo hizo. Tantas veces como pudo. Tantas veces como quiso. Tantas veces como sus lagrimas se lo permitieron. Su imagen se proyectaba una y otra vez en sus adentros. Girando como el suelo lo hace a veces. Mintió y seguiría mintiendo durante muchas noches más, todo lo que fuese suficiente como para aliviar un poco las heridas que él se empeñaba en no cerrar. Dolor, medicamento infalible cuando la enfermedad es el propio dolor.

En ningún momento fue verdaderamente honesto consigo mismo. Dejó que su propia existencia lo absorbiera y aún así respiraba. Como tragando el aire con asco. Pero él de amor que sabía…

Caminaba sin hacerlo o quizás no lo hacia. Provocase a si mismo incendios que quemaran su imagen, que reflejaran odio sinsentido.
La herrumbe de la cotidianeidad se mezclaba con pensamientos suicidas formando un papel tapiz con matices baratos.
Y si algún día en el pasado odió su rostro, ahora ese odio se volvió un delirio marcado en la frente.


Desde entonces su tristeza fue esperanza, su dolor fue olvido y cualquier cielo azul despejado tan solo un sutil y leve sueño…